La investigación artística y su abordaje del pasado

Reseña: Mesa 1 Artes y Memoria en las XX Jornadas de Investigación en Artes 
14, 15 y 16 de Septiembre del 2016. CePIA 

Por Rosario Sciú (charossciu@gmail.com)
Imágenes: Marco Bountempo (Equipo RDA-CePIA)

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La mañana comenzó con la bienvenida de la decana de la Facultad de Artes, Myriam Kitroser, quien destacó la importancia del desarrollo de la investigación artística en el ámbito académico y los desafíos que esta conlleva. Seguida de una extensa e intrigante conferencia inaugural que brindó el invitado Aaron Saal sobre Aby Warburg, las XX Jornadas de Investigación en Artes dieron comienzo. 

La mesa número 1 denominada “Artes y memoria” contó con la coordinación del prof. Guillermo Alessio y ponencias de Magui Lucero, Alejandro González, David Schäfer y Alejandro Frola.

En primer lugar, la profesora Magui Lucero desarrolló su ponencia “Andaduras para la memoria”. Compartió una experiencia que comenzó como parte del proceso de la cátedra de escultura III y que luego devino en un proyecto de investigación. 

Se trata de instalaciones en las que los estudiantes trabajaron con contenidos formales propios del género artístico, y de índole política. El primer ejemplo, partía de diversas situaciones de abuso policial y de la quema de libros en la última dictadura militar como mecanismo de censura, estableciendo paralelismos entre estos dos hechos y buscando la reflexión al respecto. La segunda obra presentada por la profesora, consistía en una recrear una situación de encierro para el espectador y en ella introducirlo a una historia íntima de amor a través de fragmentos de una carta de 1987 de una mujer a su marido. El último caso, superponía en forma de proyecciones imágenes de plantaciones de caña de azúcar y barrotes de cárceles, haciendo alusión al histórico apagón en Jujuy en 1976 – también a través de un texto- y a otras violaciones a los derechos humanos relacionados con los ingenios en el norte del país durante la última dictadura militar.

En los tres trabajos, señaló Magui, existen procesos de construcción de la memoria con dos aspectos principales: no sólo fueron usados relatos particulares y colectivos para la reconstrucción de los hechos pasados, sino que la memoria construida constituye un nuevo marco de referencia para abordar la historia a la que se refieren. En segundo lugar, en todos los casos los hechos aludidos son anteriores al nacimiento de los artistas. Esto implica que en la tarea creativa e histórica de recuperación de los relatos que conforman cada memoria, ésta se vea filtrada por las preocupaciones políticas y personales de los artistas en relación a su presente y al contexto sociopolítico actual. En este sentido, la búsqueda de los artistas constituye una construcción de sentido sobre el pasado, el presente y sobre sí mismos, en definitiva, sobre su identidad. 

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Luego de la exposición de Magui continuó la segunda ponencia de la mesa, denominada “Construcción de la memoria desde la animación argentina: análisis de ‘Padre’ de Santiago ‘Bou’ Grasso.” A cargo del especialista Alejandro González.

Este cortometraje realizado en stop motion, es parte de lo que Alejandro denomina animación de autor, surgida en Argentina hacia los años 90’. Con su participación en más de 260 festivales en todo el mundo y habiendo ganado más de 90 premios, Padre es completamente elocuente, además de técnicamente impecable. Su guión elabora una memoria ficcional sobre un período que existió: la última dictadura militar. Estrategia diferente a Los rubios (2003), el largometraje de Albertina Carri que, siendo un documental, reconstruye una memoria relatada que, aunque verdadera, no es precisa y varía según los recuerdos de los entrevistados. Con esta comparación, González se pregunta ¿cómo funciona la memoria? ¿cómo la (re) construímos? 

En Padre hay cuatro personajes que nos harán saber la historia de una hija de un represor que es víctima y victimaria a la vez. Ella, protagonista al cuidado de su progenitor. Él, postrado en una cama o inexistente. Real, simbólico en forma de mandato, o ambos a la vez, es una duda planteada hacia el final del cortometraje. Los pichones de paloma, metáfora de los desaparecidos, atrapados en el patio de la casa en donde transcurren los hechos (con una forma tan común que podría situarse en cualquier parte del país) e ignorados por la mujer. Y el reloj: quien determina el ritmo de las acciones.

La confección del espacio es también esencial en la narrativa. Hay un afuera y un adentro muy diferenciados. El exterior, señalado por el sonido de la radio y la luz al abrir una cortina o puerta, existe, se despliega de alguna manera que desconocemos, pero se mantiene en su lugar. Como si quisiera invadir un poco la casa y derrumbar las paredes que los separan, pero no lo logra, solo llegamos a vislumbrarlo. El interior, en cambio, lo vemos todo. Un inmueble de aspecto descuidado, donde todo se tiñe de una paleta monocromática. Es íntimo, sí, resguarda. Pero es absolutamente limitante, actúa casi como una prisión y, en su penumbra, lo sentimos asfixiante gracias a los planos cortos de la cámara.

En su complejidad Padre es un cortometraje eficaz en aprovechar sus recursos técnicos. Logra inquietarnos y hacernos reflexionar sobre el período en cuestión desde un punto de vista original, poco trabajado en otras producciones: la tipología del “hijo de militar”. A diferencia del documental, el hecho de que sea animado genera una distancia, que permite abordar la temática tan delicada y hacer partícipe al espectador en el proceso de construcción de la memoria.

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Finalmente, la mesa cerró con la ponencia “¿Cómo abrir paso a la insurgencia de las imágenes?: pautas para identificar los sitios donde fueron fotografiados los prisioneros del D2”. David Schäfer expuso el trabajo que él y Alejandro Frola realizan desde hace cuatro años: el análisis de un corpus de más de 136.000 imágenes tomadas entre el 20 de Septiembre de 1974 y el 13 de Julio de 1977 en el, entonces, Departamento de Informaciones de la policía.

El trabajo detectivesco que realizan se basa en escudriñar las fotografías buscando huellas, datos, pistas que permitan reconstruir el espacio en donde fueron tomadas. Un grupo de ellas fueron realizadas en el lugar establecido para ello, y retratan detenidos que ingresaron de forma legal. Las demás, fueron tomadas en el centro clandestino de detención y muestran a personas secuestradas, que estaban de paso allí, antes de ser trasladados a una cárcel común, a otro centro de detención, liberadas o ejecutadas.

El análisis exhaustivo comprende desde manchas en las paredes, cálculos de distancias, ángulos y puntos de vista, reconocimiento de las cámaras, el trabajo con negativos, etc. Así se realizan dos procesos: por un lado, desmontaje, examinando los diferentes elementos específicos de cada fotografía para desarmarla; y, por otro, de montaje y comparación de los datos obtenidos. Los resultados de la labor permiten reconstruir el espacio físico por donde pasaron tantísimas personas detenidas ilegalmente y secuestradas, además de evidenciar  las modificaciones edilicias que se llevaron a cabo.

Investigaciones como esta toman los registros de nuestra historia y aportan certezas en dónde había sólo incertidumbre. Permiten reconstruir las piezas del rompecabezas del pasado basándose en la fiabilidad de los datos objetivos y el empleo del conocimiento técnico para su análisis.

Los proyectos presentados en la mesa 1 de las XX Jornadas de Investigación en Artes, son ejemplos de las diversas posibilidades de producción de conocimiento en el campo del arte. Muestras del rol fundamental que tiene el arte en la construcción de la identidad y la memoria, ya sean individuales o colectivas, desde la ficción o la evidencia empírica. De esta manera, la producción e investigación artísticas devienen propositivas a la hora de elaborar discursos significativos de pertenencia y reflexión.